Declaración de la Unión Internacional de
Superioras Generales (UISG) participantes en la sesión Plenaria.
Ratificada por la Asambles de Delegadas
Roma del 130 de mayo 2001
Nosotras, casi 800 mujeres representantes de un millón de miembros
de congregaciones Religiosas católicas esparcidas en todo el mundo,
reflexionando sobre el tema
Mujeres Religiosas: Muchas culturas, un solo Corazón:
Enviadas a ser una presencia viva de la ternura y misericordia de Dios
en nuestro mundo herido
públicamente declaramos nuestra determinación de trabajar
en solidaridad unas con otras
de nuestras comunidades religiosas y en los países donde estamos establecidas
para denunciar insistentemente y a todos los niveles
el abuso y la explotación sexual de mujeres y niños
prestando una atención particular
al tráfico de mujeres
que se ha convertido en un negocio lucrativo multinacional.
Basándonos en nuestra larga tradición de educadoras
continuaremos a promover la educación y formación de la mujer
dentro y fuera de nuestras organizaciones
dedicando personal y recursos económicos
para asegurar el desarrollo integral de la mujer en todas las etapas de la vida
capacitándola para que pueda desarrollar su energía vital
y el aprecio de los dones concedidos por Dios
para promover y mejorar la calidad de vida.
Como mujeres comprometidas en defender los derechos humanos
declaramos, una vez más, nuestra solidaridad con los países más pobres
y afirmamos nuestra resolución de trabajar para suprimir la Deuda Externa.
Como mujeres que se oponen a la perpetuidad de la guerra y la violencia
expresamos nuestro compromiso para crear una cultura de paz
y dirigimos una llamada a los jefes de gobiernos y organizaciones multinacionales
para que pongan fin a la venta y compra de armas.
Sensibles a los ataques que sufre la Madre Tierra
actuaremos cuando y en donde sea posible
para acabar con el comportamiento destructivo que causa
el calentamiento del globo y el cambio de clima
y amenaza todas las formas de vida en nuestro planeta.
Nos comprometemos a poner en práctica estas resoluciones
trabajando en red entre nosotras
y con otras organizaciones que tienen opciones parecidas
dentro de las Iglesias y de la sociedad.
Atentas al clamor que se levanta, con una sola voz, desde muchas culturas
responderemos como mujeres, discípulas de Jesucristo
mirando el mundo con los ojos del corazón,
y con la compasión de un Dios que es Amor.